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domingo, 10 de julio de 2011

Videojuego "El mundo en media hora" +18

En esto que estaba yo desprendiéndome de mi apéndice inalámbrico patentado por Microsoft cuando me veo inmersa nuevamente en un juego árido y sangriento no recomendado para menores. Pero que muestra niños indefensos en el peor de sus días. ¡Hay que sacarlos de allí! Pero... ni rastro de mando, lo que viene a significar que esta imagen no obedece a los movimientos ejecutados por mi mano: no da lugar a opción ni a elección. El vídeo es angustiosamente realista, nada sorprendente en los tiempos que corren, y dado que emana en dos dimensiones de un pequeño aparato inmóvil en mi cocina no puede ser otra cosa que eso; un vídeo parte de una trama creada tras cinco años de investigación de mercado, desmedida financiación y las mentes creativas más perturbadas de la generación de los 80.

Pero no. Tiene todo el morbo y la atmósfera irreal de un videojuego pero no lo es. Ni es virtual, ni tiene lo más mínimo de juego.

Después de 4 horas de consola ininterrumpida y con ese aura blanquecina que acompaña el cansancio ocular, observo meticulosamente la pantalla y el resto de caja que la convierte en un objeto reconocible (es una antigüedad; de las que tenían forma cúbica). Reconozco también las franjas azules con letras blancas sombreadas que indican que no soy víctima de un experimento viral de la programación publicitaria ni tampoco un espectador desprevenido de la última secuela de El día de mañana.

Son los informativos, con sus sumarios de noticias apocalípticas que se suceden y su brutal segmentación de noticias en bloques de 30 segundos. Como un menú de difíciles misiones a realizar, de largas horas de juego postergadas a momentos de ocio. Como escenas que sólo existen en la medida en que tu vista vislumbre y tus movimientos permitan, en la medida en la que hayan sido programados para ello. Con personajes secundarios y terciarios que sólo interactúan contigo en lo que tardas en cruzar la calle, y que luego se desvanecen al haber cumplido su misión de decorado. Personajes primarios que lo intentan, fracasan y vuelven a reiniciar la partida reencarnados en nuevos personajes llenos de vitalidad pero arropados socialmente por un halo de pesimismo, como el que empieza la partida convencido de que no conseguirá acabarla sin haber perdido al menos una vida.

Y al final de todo, de tanta tensión acumulada, de que te duelan los dedos, la espalda y la cabeza, tras una purgatoria transición de tres segundos llegan las noticias meteorológicas, una metáfora brillante sobre el amanecer, el vídeo final en el que la historia queda resuelta y ya no hay posibilidad de errar porque todo escapa de nuestras manos. El juego ha acabado y lo que desde aquí acontezca ya carece de sentido porque nosotros no lo veremos. Así se despide la horrenda sucesión diaria de violencia de género, abuso sexual, maltrato animal, contaminación, delitos fiscales, corrupción y demás actos de maleantes: con el porcentaje de humedad de 3% que habrá mañana a la hora de llevar los niños al cole...

Los niños indefensos son personajes que siguen vivos pero de los que nos desentendemos una vez superado el juego. Ya no estamos tras la pantalla así que no somos conscientes del resto de su vida. Hasta el próximo capítulo que protagonicen.

No se si tanta semejanza entre videojuegos e informativos es cosa mía, pero mantengo que la televisión busca tanto la audiencia y se ve tan condicionada por el cronómetro que llega a alternar no sin cierto surrealismo la noticia más lacerante con las vacaciones de la realeza en Menorca, o a mostrar un cadáver cubierto en mitad de la acera y acto seguido un análisis estadístico reciente sobre que las mujeres españolas toman más el sol.

Y al final el problema no es tanto que los videojuegos se parezcan demasiado a la realidad, sino que la realidad se muestre muy parecida a los videojuegos...

miércoles, 5 de enero de 2011

Una promo con la Esteban, la Carbonero y el logo de A3 en una piscina de barro habría sido más sutil


Esto es elegancia, señores. ¿Cómo criticar sin dejarlo patente? Con el primo hermano de Javier Vázquez, con un caballo en celo que fijo alguna colaboradora quisiera pillar por banda y con frases del tipo "diversión que no humilla a nadie y telediarios en los que el amarillo es sólo un color". Y para rematar, poner a Jorge Fernández, que entre sus chistes y sus machetazos a diversos electrodomésticos y tabiques, se ha convertido en el ídolo paterno-filial del español medio (¿sino por qué todas las Señoras le acarician la cara con instinto protector?). Pero sin duda lo que me ha conquistado del todo es la imagen del implacable Galba (Hispania) diciendo, sonriente, "pone", y señalando al espectador. Aún siendo en este contexto, a mí me da tembleque.

Y no se le ocurre otra cosa a Telecinco que insultar a sus espectadores con esta fácil parodia del video promocional de Antenta 3, comparándose directamente con la cadena al haberse sentido aludidos. Esto me ha recordado al viejo y polémico anuncio en el que una marca de zumos se comparaba directamente con Don Simón, y a mí, mi mamá me enseñó que cuando haces esto, te estás precisamente poniendo en evidencia al destacar al contrario.

Para colmo, el uso gráficas desproporcionadas. Esto no se aprecia bien al durar un golpe de vista, pero si le damos uso al pause en la parte de ficción nacional, además de cifras de share muy sospechosas (¿Qué tiene T5 a parte de CSI y La que se avecina?) nos encontramos un 14,6% frente a un 14,3%, ¡y la gráfica es el doble de grande! Y a continuación, se proclaman líderes en televisión de entretenimiento comercial (bonito eufemismo de telebasura). "El dato pone lo que pone, y lo que pone es que tú nos eliges en diversión" y "líder en televisión comercial" se traducen en un: nuestra audiencia se compone de todas las mujeres sesentonas que nos ponen de fondo mientras se hacen los rulos porque el niño está leyendo, el marido se ha bajado al bar y echan de menos los gritos e insultos de fondo de un ambiente hogareño.



PD: ¿Lo de los diagramas de barras en forma de cigarros será un guiño ingenioso? Uy, si había puesto "giño" en vez de.... Pues eso, ya me respondo yo misma.

jueves, 30 de septiembre de 2010

La infidelidad y otras excusas alternativas al clásico "llevaba flojo el cinturón"

La televisión es algo que me fascina, la mayoría de las veces para mal. Vuelvo con las series. Cuando estás enganchado a más de cinco por semana, ya empiezas a distinguir unos parámetros comunes en las ideas transmitidas por los guionistas, sean de comedia o de drama, nacionales o importadas, y te sientes capaz de sentar cátedra en cuanto a la psicología televisiva. Vale, me saca de quicio el tema de la fidelidad tal y como se plasma en la ficción, sobre todo la dirigida a los jóvenes, que somos quienes lo vivimos con más fervor (por ser la edad de las relaciones esporádicas y esas cosas).

Imaginemos una de esas reuniones de amigotes alrededor de una mesa circular. Uno toma la palabra y reconoce haberse liado con la mejor amiga de su novia, con la que lleva cinco años saliendo. El consejo de sabios dictamina que lo más conveniente es "cerrar la boca, y confiar en la discreción de la gente". Puedo entender que este tipo de situaciones se fuercen para potenciar la comedia y el surrealismo de la serie, está bien, pero si la línea argumental se repite en todas las series que narran las vivencias de un grupillo de adolescentes, con las que es fácil sentirse identificado, la cosa nunca se queda ahí. Partiendo de la observación de algunos perfiles de facebook y de sus respectivos grupos, quien no se identifica con los yonkies de Callejeros lo hace con Barney Stinson, con lo que podemos afirmar que la tele ejerce cierta influencia en los comportamientos, y teniendo en cuenta también que el tema infidelidad en concreto no se tocaba en las películas de Disney ni en los sermones eclesiásticos, hay un vacío en nuestras bases educativas difícil de subsanar. Obnubilados, perezosos y a veces incapaces de distinguir la realidad de la ficción, actuamos como el ídolo de turno: nos callamos nuestro pecaminoso delito.

Punto 1: La mentira lleva a más mentira, hasta un punto en que comienzan las contradicciones sin remedio.
Punto 2: La conciencia te hace comportarte de forma ridícula, pudiendo descubrirte tú solito.
Punto 3: Vivimos en el país del marujeo; todos hemos tenido un diario que ha quedado abandonado, y eso dice mucho. Ahora, en tiempos de redes sociales y cotilleo consensuado, la discreción roza la utopía.

Vamos, que en ningún caso te saldrás con la tuya. O eso, o soy de las bohemias que piensan que la sinceridad es la base de cualquier relación, y que lo peor que puede hacerte un amigo es mentirte. La fidelidad es importante en la pareja, pero no creo que por un desliz que es debidamente comunicado al cornudo se deban tirar años de complicidad... Lo importante es que haya transparencia (ahorrando un poco en detalles, tampoco hay que martirizar). Evidentemente podrás perder confianza en el cónyuge en cuestión, pero no más que si descubres a los once meses que ni su familia ni amigos sabe de tu existencia. Con esto no pretendo decir que no tenga importancia, sino que sin otras razones de peso añadidas, como la de que exista una tercera persona a nivel sentimental o de que su agenda telefónica haya multiplicado exponencialmente los nombres femeninos, no comprendo que pueda suponer la causa de un "hasta nunca".

Hace tiempo escuché que diariamente te cruzas con al menos 10 hombres o mujeres (o una sana mezcla) que te atraen sexualmente. Lo de pasar toda la vida junto a la misma persona es una pauta sociológica necesaria para la crianza estable de la estirpe, y para optar al fin de la hipoteca y poseer cierta libertad económica, pero biológicamente no parece que estemos preparados para centrar nuestro apetito sexual en un sólo especimen y renegar de nuestros instintos repobladores durante 70 años. Es algo para pensarse dos veces antes de decidir qué derechos tenemos sobre nuestra pareja, y hasta qué punto el orgullo y la posesividad dirigen nuestras acciones, ¿no?

jueves, 9 de septiembre de 2010

Adiós braquets, bienvenidas píldoras del día después

Para desgracia de la humanidad, el panorama musical se va plagando de Britneys. Esto no supone un problema por la gloriosa existencia de Internet, que contrarresta el efecto homogenizador de las cadenas de radio musicales, y del mando a distancia en lo referente a videoclips. Pero estas pequeñas (soy consciente de que no todo en su cuerpo es pequeño, pero lo que importa sí) mujercitas que tiran su vida por el retrete por unos escaso años de colarse en los grandes festivales y conceder entrevistas a la Superpop tienen un pasado, normalmente relacionado con el mundillo escénico y generalmente de mayor mérito. Pues bien, como digo, la mayoría tuvieron minúsculas apariciones en series juveniles, y eso les bastó para convertirse en ídolos de las grandes masas (creo que no tuve infancia porque nunca supe qué era eso). Aparentemente inofensivo, hasta que oímos las palabras...

....Disney Channel, cadena en la que los valores transmitidos son "deja de estudiar y dedícate a tu sueño, que es bailar y cantar, o lo que es lo mismo, tira de tu hobbie a ver si tienes la improbable suerte y vives toda la vida de ello". Amigos guionistas, los sueños llegan a su fin, y te dejan buen sabor hasta que el desayuno te recuerda las horas de curro que vas a tener que echar antes de poder llevarte de nuevo comida a la boca. Y tras años de inocencia manipulada, ese icono del sueño americano, cada vez más europeo (FAMA) nota que algo hace tope porque con todas las camisetas que tenía enseña el ombligo, y abandona los braquets de por vida. Entonces, los guionistas comienzan a modificar la linea dramática de la serie incrementando el número de pretendientes, de escenitas de laboratorio de químicas de instituto a medianoche, e incluso de miraditas entre amigas íntimas. Claro, con este panorama la actriz en cuestión y todas sus clones seguidoras se revolucionan (no al mismo nivel, claro, ya que la primera, a sus 17 años, empieza a protagonizar portadas de destape y a encabezar listas de mujeres más deseadas del planeta) y la pequeña proporción que no quiere ser la nueva vocalista de los Johnnas Brothers, se plantea meterse a estudiar Químicas, que los laboratorios insisto, son lugares muy eróticos.

El punto álgido del asunto: cuando la adolescente pubertosa (¿De pubertad, o de pubis?) recibe por correo un vestidito de striper con una nota adjunta que dice: "Enhorabuena, los de la discográfica han visto tu foto (no especifica con cuanta cantidad de ropa) y han firmado el contrato." Y la siguiente vez que la ves, es en un videoclip (se le acabaron las pilas al mando, ¡de verdad!) en el que se retuerce en un lecho de plumas, esposas y preservativos con un corsé de los del siglo 16 y haciendo ciertos movimientos gimnásicos con los labios, practicando para qué se yo qué cosa... Puedo entender que quiera borrar su embarazoso pasado televisivo, pero si te conviertes en algo peor, vamos mal.

¿Venga, sabemos ya quién es el personaje abominable de hoy? ¡Sí, esa misma!

Por otro lado, me preocupan mucho estos brotes de paranoia maternal. Pero ¡al Dios de los carbohidratos pongo por testigo de que mi hijita nunca superará a Patricia Conde en protagonismo de sueño húmedos!

martes, 2 de febrero de 2010

"21 días" y otros 21 de polémica

Hoy tengo un agobiante cúmulo de tareas que hacer y que no dejo de posponer, por lo que no veo razón para dejar de posponerlas y concentrarme (o dispersarme) en actualizar el blog. Me encuentro especialmente inspirada (¿ahora se le llama así?) para hablar de temas polémicos, asique toca escribir sobre el programa 21 días del pasado lunes, dedicado al mundo del porno. Como era de esperar, batió record de audiencia, y tengo entendido según fuentes oficiales que el porcentaje de hombres plantados frente a la televisión (sin especificar postura) fue de un 99,9%. Lo que la periodista Samantha Villar pretende, para quien no la haya visto nunca, es involucrarse de manera personal en el entorno del reportaje, dotándolo así de una subjetividad que roza el plano humorístico. Pero lo cierto es que se aprende mucho a pesar de los prejuicios ante tal formato: cuando todos creíamos que el porno estaba lleno de multimillonarios emparentados con el abuelo del Playboy, nos encontramos con que los entrevistados son de clase media-baja indignados porque el intrusismo profesional les ha bajado el sueldo a 500€ por sesión...

Lo menos rigurosamente periodístico del programa fueron las caras de asco de Samantha Villar en primer plano, acompañadas de los entrevistados "chinguilinando" (permítaseme la finura) de fondo. Pero hay una parte del reportaje que vale la pena ver aún eliminando estas escenas semi-pornográficas (sí, es posible): la del creador de Putalocura.com, una página web dedicada al porno humorístico, por llamarlo de alguna forma. Yo me pregunto con preocupante expresión de madraza sobreprotectora si alguien se siente excitado viendo a semejante personaje disfrazado con una dentadura de gominola, con el perrillo cogido y poniendo voces absolutamente antieróticas...Samantha, escandalizada y con su característica cara de chupar limones, se giraba hacia la cámara reconociendo sus preferencias hacia algo más tradicional, y yo que la entiendo.

El caso es que la página de Cuatro se ha visto obligada a eliminar centenares de comentarios ofensivos de internautas con espectativas de una mayor "involucración" en el mundo del porno (vamos, los que se tomaron demasiado literal la expresión de "investigación a fondo"). Desde mi humilde opinión, fue un buen reportaje con un fin informativo a la par que de entretenimiento, y a pesar de encontrarse claramente influido por el morbo de lo sexual, mantuvo la calidad periodística de un género a camino entre lo referencial y lo expresivo, y la gracia distintiva de las confidencias de la reportera la hacen merecedora del share que acapara.
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